fbpx
Menu
X
image

Violencia familiar

¿QUÉ ES LA VIOLENCIA FAMILIAR?

La violencia es aquello que se ejecuta con fuerza y brusquedad, o que se hace contra la voluntad y el gusto de otro. Se trata de un comportamiento deliberado que puede ocasionar daños físicos o psíquicos a otro sujeto. Por lo general, un comportamiento violento busca obtener o imponer algo por la fuerza.

Por otra parte, la familia es la principal forma de organización de los seres humanos. Es una agrupación social basada en lazos de consanguinidad (como la filiación entre padres e hijos) o en el establecimiento de un vínculo reconocido socialmente (como el matrimonio).

La violencia familiar, por lo tanto, es la acción u omisión que el integrante de un grupo familiar ejerce contra otro y que produce un daño no accidental en el aspecto físico o psíquico.

Tipos de violencia familiar
Entre los principales tipos de maltrato o violencia que se dan en el seno de una familia hay que destacar dos grandes grupos. Así, en primer lugar, está la física, que es la que se manifiesta a través de lesiones graves o bien a través de otras menores, que no requieren asistencia médica, pero que, igualmente, causan un gran daño a todos los niveles en la víctima.

En segundo lugar está la violencia familiar emocional que es aquella en la que la víctima no sufre físicamente sino a nivel sentimental. En este caso la citada se manifiesta a través de lo que es el rechazo, el ignorar, el terror o el aislamiento.
Este tipo de violencia es penado por la ley, aunque se trata de un delito que no suele ser denunciado. Esto es porque la víctima siente temor, vergüenza y hasta culpa por denunciar a un integrante de su propia familia.
Entre las principales señas de identidad que podemos destacar que tiene todo maltratador se encuentran su incapacidad para expresar cualquier tipo de afecto, una baja autoestima, el no saber controlar sus impulsos y también el haber sido víctima de maltrato, por parte de su entorno, durante su infancia.

Por su parte, las víctimas de la violencia familiar suelen tener en común características tales como el ser sumisos, contar igualmente con una baja autoestima, ser absolutamente conformistas con lo que creen que es lo que les toca vivir, y también el tener problemas para mostrar su afecto.
Tal como mencionábamos líneas arriba, la violencia familiar también puede ejercerse por la omisión de obligaciones y responsabilidades. Por ejemplo, cuando un padre abandona a su hijo y no le proporciona los alimentos y el cuidado que éste necesita.

En la actualidad ha aumentado de manera considerable la violencia familiar que los hijos llevan a cabo sobre sus padres. Un hecho que es fruto no sólo de diversas desestructuraciones en el seno familiar sino también de habérseles consentido todo a aquéllos y de no haber sabido imponerles unas reglas de conducta, comportamiento y obligaciones.
La violencia familiar, por otra parte, incluye casos de abuso sexual, incluso dentro un matrimonio. Ese es el caso de un hombre que obliga, presiona o condiciona a su esposa a tener cualquier tipo de relación sexual sin que la mujer tenga la voluntad de hacerlo.

No menos importante, tal como alerta la OMS (Organización Mundial de la Salud) son las crecientes cifras de casos de violencia hacia las personas de la tercera edad, ya que constituyen uno de los grupos de población más vulnerables de sufrir violencia. Ya sea en casa de algún familiar, en cuyo caso estaríamos hablando de la denominada violencia domiciliaria o, en instituciones, violencia institucional.

¿Cómo podemos ayudar?
Ya sea en violencia de género, hacia el menor, por parte de un menor agresor o hacia personas mayores, las secuelas psicológicas de la violencia son las mismas:

La conducta violenta, tanto en el terreno físico como en el psíquico va causando un deterioro psicológico en la víctima, que, desde el punto de vista conductual, se manifiesta en una auténtica sumisión a los deseos y órdenes del agresor. El agresor llega a tener un control y dominio que hace que cada vez sea más inflexible, por lo cual la violencia continúa su ciclo de intensidad creciente, y el agredido llega a perder su propia identidad para convertirse en una posesión más. Y, por supuesto, tampoco ayuda a la víctima a decidirse a romper esta situación la falta de apoyo existente (tener que abandonar su hogar, estar en situación de dependencia como en el caso de personas mayores o niños, etc.).

Además de serios daños físicos, la violencia familiar causa en las víctimas trastornos emocionales que serán más profundos y duraderos cuanto más tiempo dure la relación:
• Baja autoestima.
• Interiorización de la dependencia del agresor, y, en general, de todas las figuras de autoridad.
• Tienen depresión profunda: falta total de esperanza, se sienten sin fuerzas, respuestas emocionales muy limitadas, altos niveles de autocrítica y baja autoestima.
• Tienen miedo, estrés, conmoción psíquica aguda, ansiedad y desorientación.
• Incomunicación y aislamiento provocado por el continuo desamparo social.
• Tienen sentimientos de subordinación, dependencia y sometimiento.
• Sentido de culpabilidad.
• Están desmotivados y tienen una profunda ausencia de esperanza.
• Incertidumbre, dudas e indecisiones por bloqueo emocional.
• Falta total de esperanza.
• Impotencia/indecisión: Carecen de poder interior para superar los problemas.
• Vivencia y transmisión de roles agresivos.
• Tienen poco o nulo margen en la toma de decisiones respecto a la vida de pareja, familiar y a la suya propia. Padecen, a veces, trastornos alimentarios severos como anorexia o bulimia.
• Trastornos del sueño.
• Irritabilidad y reacciones de indignación fuera de contexto.
• Frecuentes trastornos de alcoholismo y de ludopatía.
• Baja interiorización de valores sociales y democráticos.

Caso ficticio:
Carmen es una paciente de 78 años que vive con su nieto. Hasta ahora, Carmen se ha ocupado de todas las tareas de la casa. Pero en estos momentos, la progresión de su insuficiencia cardiaca dificulta que lo siga haciendo y su poliartrosis complica más la situación.
En los últimos análisis se han constatado algunos signos de mala nutrición, como anemia y albúmina baja. Aunque cobra una pensión, ésta es insuficiente para poder contratar a una persona, a jornada completa, que se ocupe de las labores del hogar. Con sus esfuerzos por intentar que las cosas sigan como hasta ahora, Carmen acelera la progresión de su enfermedad sin conseguir, por otra parte, mantener la vivienda en condiciones higiénicas aceptables. Es por ello que, la médico de cabecera, nos deriva e informa del problema.
Se decide tener una entrevista con el nieto y averiguar si tienen otros familiares que pudieran hacerse cargo de la situación. El resultado es el siguiente:
• El nieto acepta asumir, parcialmente, el cuidado de la casa y contratar algunos días una ayuda externa.
• Las temporadas que se encuentre en paro laboral será el nieto quien, exclusivamente, atenderá a Carmen y cuidará la casa.
Después de unos meses la salud de Carmen no logra estabilizarse. Gracias al seguimiento domiciliario por parte de enfermería, la médico conoce que el nieto no cumple su parte del compromiso. Junto con el psicólogo, se entrevista con él y se le informa de que dado el empeoramiento de salud objetivado, Carmen no debe pasar tanto tiempo sola, por lo que se le aconseja que vaya a vivir a casa de otros familiares.
Como pasado un tiempo, la paciente vuelve a residir en el domicilio propio, junto con el nieto, y su salud va empeorando, se propone a ambos tramitar plaza en una residencia pública. Después de esperar durante tiempo prolongado la notificación de ingreso y de atender durante dicho periodo algunas descompensaciones, la última de las cuales motivó ingreso en hospital de agudos, la médico obtiene de Carmen la confesión, bajo secreto profesional, de que su nieto le está presionando para que no ingrese en residencia porque, desde hace tiempo, se queda la pensión. Carmen ha ayudado a la crianza del nieto y no quisiera causarle ningún daño.

Cuando una persona sufre cualquier acto de violencia u omisión que le produce un daño, u otro que pone en peligro su integridad física, psíquica o uno de los derechos fundamentales de la persona, estamos ante un caso de malos tratos.
•La negligencia o abandono se traduce en desprotección. La desprotección surge por el incumplimiento de las funciones propias del cuidador, en la provisión de los servicios necesarios para evitar daño de cualquier tipo.
•La supuesta situación de abandono puede entrar en conflicto con la autonomía del paciente, expresada en su voluntad de no modificar la situación. Esto, muchas veces, se explica por el sentimiento de afecto-dependencia emocional que tiene la persona mayor respecto al familiar que le cuida. En otros casos, se explica por miedo a las represalias o por vergüenza.
En el caso que nos ocupa…
• Los daños son:
• Deterioro progresivo de la salud.
• Desnutrición.
• Aislamiento.
• Pérdida económica.
Por lo que se asesoró a Carmen acerca de unas pautas saludables de alimentación, se intervino en el aislamiento mediante el abordaje de la autoestima y se le facilitó un informe para el ingreso a la mayor brevedad posible en un centro para personas mayores donde estuviera atendida, entre otras medidas.

Sin tags definidos

Volver atrás

© 2020 Top psicólogos. PSICÓLOGOS DE PRIMER NIVEL EXPERTOS EN TU CASO

Call Now Button
Contacto
close slider





    * Campos obligatorios