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Ansiedad

Ansiedad, miedo y fobias

No es sencillo establecer una distinción clara entre lo que se entiende por Fobia y Miedo. Así que comenzaremos tratando de esclarecer las diferencias entre ambos términos.

El miedo es considerado como un fenómeno psicológico normal para el ser humano y se define como una emoción que se caracteriza por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o imaginado, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza.

Se trata de un fenómeno evolutivo normal que nos proporciona los medios de adaptación a los estresores vitales. Se considera como una parte integral del desarrollo psicológico normal ya que señala la presencia de un peligro. Por lo general, los miedos suelen ser transitorios y no interfieren en el funcionamiento psicológico cotidiano. Nos permiten generar y consolidar medios y recursos encaminados a resolver de modo satisfactorio las situaciones estresantes.

La dimensión cognitiva de los miedos, cobra una especial relevancia, ya que, como hemos visto, son reacciones emocionales adaptativas ante una serie de estímulos, unos externos y otros generados por el propio sujeto, que son autocalificados como amenazadores o emparejados con estímulos percibidos como peligrosos.

Ahora bien, en base a lo expuesto hasta ahora, hay que diferenciar entre estos miedos adaptativos para la supervivencia y los considerados como miedos clínicos. Las diferencias entre uno y otro suelen tener que ver con “cantidad”, por lo tanto, es hora de acudir a terapia cuando el miedo cumple una serie de características:

  • La reacción es desproporcionada respecto al peligro de la situación.
  • Se acepta como irracional, esto es, resistente a las explicaciones o razonamientos correctos.
  • Es involuntario, no está sujeto al control de la persona.
  • Lleva a evitar la situación temida y, esta evitación causa una perturbación grave en la vida de una persona.

La ansiedad y los trastornos de ansiedad

Dentro de los trastornos de ansiedad encontramos una amplia variedad de síntomas. Si nos centramos en el grupo de las fobias y trastornos de ansiedad, en el DSM-5 (APA, 2013), podemos encontrar los siguientes tipos:

  • Fobias específicas

Aparición de miedo o ansiedad intensa y persistente, prácticamente inmediata e invariable respecto a un objeto, situación concreta, que se evita o aguanta a costa de un miedo o ansiedad intensa.

  • Fobia social (ansiedad social)

Miedo o ansiedad intensa que aparece prácticamente siempre en relación a una o más situaciones sociales en las que la persona cree que se enfrenta al posible examen de los demás. La persona teme actuar de una determinada manera (vergüenza, incapacidad…) y/o manifestar síntomas de ansiedad que puedan ser valorados negativamente por los demás.

  • Mutismo selectivo

Imposibilidad resistente para hablar o responder a otros en una situación social concreta, en la que se espera que debe realizarse, a pesar de hacerlo sin problemas en otras situaciones (suele ocurrir en contextos conocidos como en casa y/o en presencia de familiares inmediatos).

  • Trastorno ansiedad por separación

Entre los criterios encontramos el miedo o ansiedad intensa y persistente sobre el hecho de tener que separarse de una persona a la que le une un vínculo estrecho y que se manifiesta en, al menos, tres características clínicas, centradas en preocupación, malestar psicológico subjetivo, rechazo a quedarse solo en casa o desplazarse a otros lugares (escuela, trabajo, etc.) y/o presencia de pesadillas o síntomas físicos ante la separación de esas figuras de vinculación o su anticipación.

 

  • Ansiedad generalizada

Ansiedad y preocupación excesiva constantes que las personas tienen dificultades para controlar, sobre diversos acontecimientos o actividades y que se asocian a tres o más síntomas de sobreactivación fisiológica.

 

¿Cómo podemos ayudarte?

Desde el único modelo validado como eficaz en los trastornos de ansiedad, el cognitivo-conductual, podemos realizar una intervención sobre los siguientes síntomas que se presentan y que resultan perturbadores y causantes de malestar.

  • Síntomas anímicos, es uno de los síntomas que debemos tener en consideración y que generalmente asienta el eje de los trastornos de ansiedad.
  • Síntomas motores. Frecuentemente sentimos que nuestra forma de responder a nivel conductual se modifica, como por ejemplo movimientos repetitivos, tics, evitación de determinadas situaciones etc.
  • Síntomas somáticos. Es habitual que mostremos cambios a nivel físico, como dolores de cabeza, síntomas gastrointestinales, etc.
  • Síntomas cognitivos. Pensamientos que nos invaden y que no podemos evitar interfiriendo en nuestro quehacer cotidiano.
  • Síntomas relacionales. El hecho de evitar situaciones, lugares, etc., nos afecta en nuestras relaciones sociales, con nuestros amigos, familiares y, en definitiva, nuestra vida.

 

¿Cómo abordamos los trastornos de ansiedad?

Dependiendo del problema que nos cause ese malestar, podremos ayudarte desde el paradigma cognitivo-conductual. Los métodos de tratamiento que te resultarán más efectivos y que son los que trabajaremos son los siguientes:

  • Psicoeducación sobre respuestas de miedo y su función y explicación a nivel biológico.
    Esta estrategia fomenta el autocontrol y conocimiento de las formas habituales de responder el organismo y el motivo filogenético por el que lo realiza. Útil para que la persona entienda la reacción de su cuerpo y modifique las expectativas que puede tener sobre la evolución que pueden tener esas sensaciones y respuestas, con lo que favorecemos que no se asusten y anticipen cambios que no pueden producirse.
  • Exposición in vivo: gradual o brusca.
    Se trata de la técnica que mayor eficacia ha demostrado. Se basa en la idea de evitar el escape o la evitación de las situaciones que provocan el miedo. La evitación provoca que la persona al salir de la situación, no pueda comprobar o experimentar sensaciones diferentes al miedo y modificarlas a través de la habituación, la extinción y recondicionamiento. Al permanecer en la situación y a través de la práctica se puede modificar el pensamiento y las expectativas de lo que la persona cree que ocurrirá si permanece en esa situación.
    Se trata de exponer al paciente a aquellas situaciones que teme y evita, de forma que permanezca en la situación hasta que la ansiedad desaparezca o bien que, si no lo soporta, pueda salir momentáneamente y regrese lo antes posible.
    Sin embargo, la exposición en situaciones sociales tiene alguna peculiaridad, como por ejemplo, que no puede ser programada de forma tan detallada ni puede ser tan larga como sería deseable.
  • Desensibilización sistemática en imaginación.
    Se trata de una técnica que se utiliza de forma habitual ante fobias, mediante la inhibición recíproca.
    Esta técnica se compone de relajación y una presentación gradual de estímulos que provocan la respuesta de ansiedad.
  • Relajación/respiración diafragmática.
    Puede utilizarse de forma complementaria para que el paciente tenga estrategias de afrontamiento y autocontrol, de forma que pueda rebajar la ansiedad y de esta forma las respuestas vegetativas. Hay que tener precaución para que no se utilice como una forma de evitación cognitiva activa.
  • Exposición:
    Experimentos conductuales (listado de situaciones a afrontar).
  • Identificación de distorsiones (registros, listados de pensamientos negativos).
  • Discutir pensamientos negativos (búsqueda de alternativas).
  • Entrenamiento en habilidades sociales:

 

Casos ficticios

“Tengo mucho miedo a volar en avión y ya no lo he vuelto a hacer. Comenzaba a tener pavor a un viaje en avión un mes antes de partir. Era una sensación terrible cuando se cerraba la puerta del avión y me sentía atrapado. Mi corazón comenzaba a latir con fuerza y yo comenzaba a sudar muchísimo. Cuando el avión comenzaba a ascender, se reforzaba mi sensación de que no podía escapar. Cuando pienso acerca de volar, me imagino perdiendo el control, enloqueciéndome, trepando por las paredes, pero por supuesto nunca hice algo así. No le tengo miedo a estrellarme o a encontrar turbulencia en el camino. Es sólo la sensación de estar atrapado. Siempre que tenía que pensar acerca de un cambio laboral, tenía que pensar, ¿será que me veré presionado a volar? Ahora solo voy a sitios adonde pueda conducir o tomar el tren. Mis amigos siempre me dicen que tampoco me puedo bajar de un tren que viaja a alta velocidad, así que, ¿por qué los trenes no me afectan? Simplemente les respondo que no se trata de un miedo racional”.

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